Descripción
Todos los cristianos tienen dos armas poderosas para enfrentar cotidianamente la lucha espiritual: la oración y la palabra. Cuando son bien aplicadas alejan al enemigo de Dios de Su pueblo. Asimismo, podemos usar ambos recursos con miras al desarrollo diario de nuestra salvación y también para ejercer de una manera adecuada nuestra responsabilidad como siervos de Dios, que es la de cuidar a los demás miembros del cuerpo de Cristo. Además, mediante estas herramientas podemos llevar la vida divina a otros, a fin de que sean rescatados de la usurpación del mundo, lleguen a ser hijos de Dios y haga Su voluntad.

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