Descripción
Quién habría imaginado que Dios, el creador del cielo y de la tierra, podía tener una tarea tan desafiante: producir un nuevo hombre colectivo a partir de personas individualistas, egoístas. Inflexibles, que no renuncian a su punto de vista. Por tener esas características, el hombre enfrenta serias dificultades de amar al prójimo como a sí mismo, que es el segundo mayor mandamiento (Marcos 12:31).

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